Graffiti de Julio Cortázar

dibujos que buscan construir su identidad

deseo, desfiguración y denuncia

Introducción

En esta unidad leerás el cuento Graffiti de Julio Cortázar (escritor argentino 1914-1984), el cual trata del flirteo de una pareja de enamorados durante los años de la última dictadura militar en Argentina (1976-1983). Aprenderás cómo se pudo haber sentido el ciudadano común en una época de represión cuando los actos más ingenuos se convertían en peligrosos y subversivos. Además de leer el cuento, podrás escucharlo en las grabaciones al principio de cada parte. El acento que escucharás es el de una nativa de Argentina.

Si quieres conocer acerca de este escritor, pincha en este enlace:
Página oficial de Julio Cortázar

Objetivos

Esta unidad:
1. desarrollará la comprensión lectora.
2. promoverá el pensamiento crítico.
3. aumentará el vocabulario en contextos significativos.
4. fomentará el placer por la lectura.
5. invitará a pensar en múltiples perspectivas.
6. mejorará la comprensión auditiva.
7. ofrecerá un modelo de pronunciación.



Actividad 1: Primera parte - comprensión lectora

En las tres primeras actividades apreciarás la lectura de un texto literario. Puede que te resulte un poco difícil porque Cortázar no escribió el cuento para estudiantes de español, sino para lectores hispanoparlantes. Sin embargo, si tu nivel de español es avanzado, intenta completar las actividades propuestas en esta unidad, y quizá descubras el placer de comprender y disfrutar material auténtico de excelente calidad literaria.

Instrucciones

Lee y escucha la primera parte del cuento y contesta las tres preguntas de más abajo. Si necesitas ayuda con el vocabulario, pincha en las palabras subrayadas para ver una definición del diccionario de la Real Academia Española. Luego pincha en Show feedback para ver una respuesta modelo.

Audio 1

Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar un dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, ningún carro celular en las esquinas próximas, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote en seguida.

Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término graffiti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de qué lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.

Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.

¿Qué indicios puedes encontrar en esta parte que a los enamorados les da miedo mirar los graffitis en la pared?

¿Cómo describe Cortázar ese clima de miedo?

¿Cómo describe Cortázar la paranoia que sentía la policía con los dibujos y frases que los ciudadanos dejaban en las paredes?

Actividad 2: Segunda parte - comprensión lectora

 

Instruction

Lee la segunda parte del cuento y contesta las tres preguntas de más abajo. Si necesitas ayuda con el vocabulario, pincha en las palabras subrayadas para ver una definición del diccionario de la Real Academia Española. Luego pincha en Show feedback para ver una respuesta modelo.

Audio 1

Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien por si fuera poco era una mujer. vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo , una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas. Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer en un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garaje, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas ralearonen su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.

Casi enseguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garaje, a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garaje y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.

Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella así en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso un espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.

Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más que a morderte las manos, a pisotear las tizas de colores antes de perderte en la borrachera y el llanto.

¿Cómo contribuye el clima político de la época a convertir un simple juego de seducción en un juego peligroso? ¿Qué se convierte en riesgoso?

¿Por qué crees que el muchacho se esconde detrás de un coche en vez de salvar a la chica? ¿Qué puede representar este acto en el cuento?

¿Cómo describe Cortázar los sentimientos y pensamientos del muchacho?

Actividad 3: Tercera parte - comprensión lectora

 

Instrucciones

Lee la tercera parte del cuento y contesta las tres preguntas de más abajo. Si necesitas ayuda con el vocabulario, pincha en las palabras subrayadas para ver una definición del diccionario de la Real Academia Española. Luego pincha en Show feedback para ver una respuesta modelo.

Audio 3

Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste al placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garaje. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.

Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste al mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaba a la patrulla de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste el otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violetas de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.

¿Qué representa el dibujo que le hace el muchacho a la chica?

¿Qué le responde la chica con su dibujo?

El cuento tiene un final inesperado. Mira cómo cambia la voz narrativa. ¿Puedes descubrirlo?

Actividad 4: Preguntas de reflexión

 

Instrucciones

Lee estas preguntas de reflexión. Luego pincha en Show feedback para ver una respuesta posible. Ten en cuenta que estas preguntas invitan a una multiplicidad de interpretaciones y perspectivas, por lo tanto puede diferir de lo que tú piensas.

El cuerpo de la mujer es el centro de la narrativa. ¿Cómo ve el muchacho el cuerpo de la chica? ¿y la policía?

¿Qué puede representar el protagonista masculino del cuento?

¿Cómo se puede interpretar el final?

¿Cuál es el mensaje político del cuento?

¿Quieres repasar los puntos más importantes?

© Leticia Goodchild, University of East Anglia, 2008.